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28 octubre, 2015 Blog

Tecnología por el bienestar

Tecnología por el bienestar

El impacto de la tecnología en la sociedad y el desequilibrio social

Si comparamos el rol y el impacto que han generado ciencia y tecnología desde hace casi tres cuartos de siglo con el período actual, podemos ver distintas reacciones que han suscitado en la sociedad. Al principio (1945-1970) fue una visión optimista transformándose en una visión pragmática fuertemente ligada a los objetivos económicos (1970-2000). Finalmente, desde la necesidad que experimentamos en sociedad moderna adoptamos una visión crítica orientada a la innovación. La ciencia junto con la tecnología ha de servir a la sociedad generando un impacto no destructivo en cuanto a los aspectos socio-políticos como el empleo, la movilidad, la salud, el medio ambiente, etc. Todo con el fin de incrementar la calidad de vida.

Innovación es inherente en el ser humano, precisamente esta habilidad junto con la de saber adaptarse, nos proporciona una de las garantías para la supervivencia. Las naciones que prosperan son las que han sabido innovar y sacar provecho de ello. Pero también se puede aprender a innovar, es decir, a tener una nueva visión de las mismas cosas y aplicarla para el desarrollo común. Falta otro componente que es el conocimiento.

Las formas de producir el conocimiento y acceder a él han cambiado lo largo de las últimas décadas al igual que la percepción de la tecnología y ciencia. Aparentemente es mucho más fácil disponer del conocimiento desarrollado, sin embargo, se han levantado algunas barreras que filtran este acceso libre como privatización y patentes. Esta condición parece que fracciona más la sociedad y aumenta la brecha entre las clases ricas y pobres marginando a éste último grupo y privándole del acceso a la necesidad básica.

El desequilibrio social que existe hoy en día en todo el mundo exige una participación activa de todas las comunidades, en especial de las más desarrolladas, con el fin de elaborar una serie de soluciones que proporcionen una mejora sustancial. Recordemos qué necesidades básicas hay que satisfacer en los países menos desarrollados y entre las poblaciones con niveles detectados de pobreza: acceso a agua potable, atención primaria de salud, educación, alimentación, vivienda, energía, seguridad…  La tecnología y la ciencia juegan un importantísimo papel en elaborar la respuesta a estas necesidades y contribuir al fortalecimiento de los derechos humanos básicos, pero ¿de qué forma?

La tecnología y la ciencia son responsables no solo de producir nuevos conocimientos sino de adaptar el conocimiento existente. Lógicamente tienen que facilitar acceso al conocimiento disponible y, a través de su difusión y educación, generar demanda de conocimiento. Cabe esperar que se presenten muchas oportunidades en beneficio de la sociedad. Pero también las amenazas que hay que controlar, tarea un tanto difícil debido a varias dificultades, como:

  • poca precisión a la hora de cuantificar los efectos positivos y negativos en el bienestar social,
  • dificultad de análisis de procesos de transferencia entre ciencia y sociedad,
  • intensidad científica de determinados campos sociales, como salud o educación.

Ya nos avisó el físico Stephen Hawking en una de sus recientes intervenciones sobre el potencial destructivo que tiene la inteligencia artificial no controlada de las máquinas. Según él, es un hecho que tarde o temprano sucederá. En este caso de lo que tienen que asegurase los creadores es de que las máquinas, a la hora de aplicar esta inteligencia, “sigan” los mismos objetivos que los humanos.

Queda patente, según Hawking, que “nuestro futuro es una carrera entre el creciente poder de la tecnología y la sabiduría con la que la usamos”. La cuestión es quién debe velar por la aplicación correcta de la tecnología y ciencia, o mejor dicho, por la dirección del desarrollo del conocimiento y su aplicación a favor al bienestar social. Son varios actores que participan de una forma u otra, pero todos se tienen que responsabilizar por el uso ético y moral de la tecnología y ciencia. Por ejemplo, el Estado, las instituciones científicas y tecnológicas, centros educacionales, ONGs, empresas, representantes de los círculos sociales y políticos, etc. Somos todos los participantes en el proceso-regulador y al mismo tiempo los beneficiarios del progreso.

¿Qué podemos hacer para minimizar la brecha?

Siendo CIC una empresa del sector privado, nos planteamos una pregunta más concreta: ¿Qué podemos hacer desde el sector empresarial-tecnológico? Fomentar el uso ético de las tecnologías a través de la formación, educar y dar mayor difusión a esta cuestión en los foros y eventos que organizamos. Un buen ejemplo de ello es Hack2Progress, el hackathon que ofrecemos los próximos días 20 y 21 de noviembre en Santander. Pretendemos reunir a los jóvenes programadores, diseñadores y simplemente a la gente con inquietudes y ganas de innovar. Queremos ofrecerles desarrollar en un tiempo limitado soluciones informáticas para plataformas móviles y/o web que sean útiles y aplicables para la salud, el deporte, la accesibilidad y el ocio. Pensamos que a través de estas prácticas se puede mejorar el uso de las tecnologías formando a la sociedad más responsable, más ética y más sensible.

Y seguro que juntos podemos hacer más al compartir el conocimiento y las experiencias. Al final, todos somos la sociedad.

Fuentes:

http://www.abc.es/ciencia/20150513/abci-stephen-hawking-inteligencia-artificial-201505131147.html

https://sociedadytecnologiaculnocg8.wordpress.com/tecnologia-el-medio-ambiente/impacto-de-la-tecnologia-en-la-sociedad-actual/

http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999adi/06Hortolano.html