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24 junio, 2015 Blog · Smart Cities

¿Puede que mi edificio cuide más del medio ambiente que yo? Si es “smart”, sí.

eficiencia energética

No somos conscientes de las capacidades de un edificio inteligente y de su contribución a la sostenibilidad de nuestro entorno. No es una moda pasajera, es una necesidad.

Los edificios son un elemento importante en una ciudad, son responsables del 30% del consumo de energía final y de un tercio de las emisiones de CO2. Si queremos hacer que nuestras ciudades sean inteligentes, ¿por qué no los edificios que habitamos? Actualmente el consumo energético de los edificios en España alcanza un 36% del consumo total del país, no existe una adecuada gestión energética y tampoco se analiza el ciclo de vida de un edificio. Surge, por tanto, una necesidad urgente de revertir esta tendencia, por esto el tema de la eficiencia energética y también la rehabilitación energética de edificios cobra más relevancia.

La rehabilitación energética tiene que ver con la demanda de energía de un edificio durante todo su ciclo de vida, hay que tener en cuenta que los edificios son los mayores consumidores de energía. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), un edificio provoca un consumo de energía a lo largo de su vida útil del 84% repartido en el uso de calefacción, agua caliente sanitaria y electricidad; un 12% en su fabricación, transporte y construcción, y 4% en mantenimiento y renovación.

Se habla de la rehabilitación de los edificios (sin referirse a la política energética) en los documentos de la Directiva de eficiencia energética presentada por el Ministerio de Fomento a la Comisión Europea, y que forma parte de la Estrategia a largo plazo para la Rehabilitación Energética. Hay un claro avance en cuanto a la percepción, uso y gestión de edificios, y también en cuanto a la mejora de las instalaciones térmicas. Desde las Administraciones Públicas se subraya la importancia de las energías renovables en el intento de concienciar a los ciudadanos sobre el impacto de la eficiencia y ahorro energético en nuestras vidas. Lo que queda es ponerlo en práctica, y en esto todos somos los protagonistas.

Mejoras de las instalaciones térmicas, además de las actuaciones sobre la envolvente del edificio son unas de las prácticas que aumentan la eficiencia en edificios y tienen una repercusión en el futuro de las ciudades. La realidad es que en España los edificios de más de 35-40 años carecen en su mayoría de aislamiento térmico en su envolvente, ya que hasta la fecha no existía ninguna normativa que lo exigiera Existen proyectos que se centran el “Edificio de Emisiones Cero”, como el implantado en Zaragoza y respaldado de forma muy activa por su Ayuntamiento. Otro ejemplo es el edificio de CENÍFER que está construido según los criterios bioclimáticos incorporando de forma activa las energía renovables para el consumo propio (instalaciones hidrotérmicas, aerotérmicas y solares fotovoltaicas), para obtener un balance energético cero.

Se trata de la política de Edificaciones Sostenibles cuyo foco es la reducción de las emisiones de CO2 en la edificación a través de la eficiencia energética y el tipo de energía utilizado. Es lo que recoge el Manifiesto de Barcelona del Congreso de Edificación Sostenible del 2014.

La eficiencia energética se cuantifica, y en eso nos tenemos apoyar en las tecnologías modernas con capacidad de procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real. Según la Agencia Internacional de la Energía y la Comisión Europea, es una tarea prioritaria para todos: se cuadruplica la inversión a partir del ahorro en energía. Lo que se consigue es la reducción de importaciones energéticas y menores costes para hogares y empresas. Esto entra dentro el plan de medidas para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia que tienen un respaldo de ayudas financieras. Un ejemplo es el de los fondos FEDER, que contempla una inversión para el desarrollo urbano sostenible integrado favoreciendo la economía baja en carbono, la adaptación al cambio climático, la  protección del medio ambiente y la eficiencia de los recursos.

Todas estas prácticas pueden llevarse a cabo mediante la aplicación de las tecnologías modernas que ayudan a medir, monitorizar y analizar el consumo, así como informar al usuario sobre las medidas y puntos claves acordes a la estrategia de ahorro energético aplicable a muchos ámbitos industriales y empresariales: edificios inteligentes, centros de procesos de datos, cadenas de producción, etc. En CIC damos un paso más allá, no solamente en el desarrollo de herramientas capaces de ayudar a lograr estos objetivos, sino en la rápida adaptación de las mismas a las necesidades de nuestros clientes.